BRASILIA.- Los empresarios decidieron darle apoyo al pacto por la gobernabilidad propuesto por el Ejecutivo brasileño y pidieron que la crisis económica no se convierta en una crisis política, luego de que la presidenta Dilma Rousseff advirtiera que nadie puede quitarle a su mandato la legitimidad que recibió en las urnas. Luiz Carlos Trabuco, presidente del Bradesco, segundo mayor banco privado de Brasil, alertó sobre la gravedad de la crisis e instó a los partidos a olvidar sus ambiciones personales y a unirse en torno a un pacto que pueda ayudar al país a superar sus problemas. “Las personas necesitan tener la grandeza de separar las ambiciones personales y ver lo qué es mejor para el país. Necesitamos salir de ese ciclo de que en cuanto peor esté la situación, mejor para los partidos de oposición. ¿Mejor para quién? Para Brasil no lo es”, afirmó.

Las dos principales centrales de empresarios de Brasil ya habían instado a los partidos a trabajar de forma unida y manifestado su apoyo al pacto propuesto por el vicepresidente Michel Temer, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) perteneciente a la coalición gobernante.

Para la Federación de las Industrias de San Pablo (Fiesp) y la Federación de las Industrias de Río de Janeiro (Firjan), llegó la hora de que todos “dejen de lado sus ambiciones personales o partidarias y miren por el mayor interés de Brasil” ante la mayor situación crítica en Brasil en los “últimos 20 años”.

Según el director de la consultora FN Capital, Paulo Figueiredo, la idea de proponer un pacto suprapartidario, “demostró que la crisis política es peor que lo que cualquiera imaginaba y que el gobierno perdió el control sobre su base” partidaria. Para el consultor, la mayor preocupación de los empresarios es la posibilidad de que Brasil pierda su condición de país con grado de inversión, lo que aplazaría la recuperación para dentro de dos años o más. El mercado financiero, con una caída de la bolsa de San Pablo del 4,5 % acumulada en la última semana y la subida del dólar a su mayor nivel en 12 años, demostró que la confianza de los inversores está cayendo.

Ese retroceso fue el reflejo de una semana en que una encuesta mostró que la popularidad de Rousseff se desplomó hasta el 8%; en que los dos partidos laboristas anunciaron su decisión de abandonar la coalición oficialista; en que el Congreso puso en votación medidas que amenazan aún más las cuentas públicas, y en que el vicepresidente admitió que la situación es “grave”. La crisis también se agravó con nuevas denuncias del escándalo de corrupción en Petrobras y con el arresto del ex ministro José Dirceu, el antiguo hombre fuerte del ex presidente Lula da Silva.

Pero la crisis económica alimenta la política y la caída de la popularidad de Rousseff refleja el descontento de los brasileños con las medidas del ajuste fiscal impuesto por el gobierno para balancear las maltrechas cuentas. La aprobación del ajuste fue la gran inquietud citada por Temer para pedir que partidos, empresarios y grupos sociales se unan en defensa del interés nacional. El deterioro económico y el escándalo de corrupción llevó a sectores de la oposición a pedir juicio político a Rousseff. (Télam)